F O T O G R A F Í A :

V I A J E S



T A I L A N D I A

P A T T A Y A
SANTUARIO DE LA VERDAD II
  
     En las siguientes fotografías se observa la forma de decoración de las escaleras de acceso al interior. Presentan diferentes diseños al igual que las escaleras que los componen. La abundancia de figuras es enorme y me imagino que cada grupo tendrá su propio significado cultural y religioso. Por el color que ha adquirido la madera, hace suponer que estos accesos son antiguos y que contrastan con el color de las figuras del interior, como se aprecia en las distintas tomas de tallas, unas muy deterioradas, otras en plena transformación como se observa en el grupo compuesto por un varón, la mujer y, posiblemente, sus dos hijos, una niña y un niño.



Las personas que se encuentran trabajando en el Santuario, no son simples obreros, se dedican a tallar la madera y sin patrones preestablecidos, aplican el “arte visionario”, un arte producido por artistas autodidactas, sin preparación previa cuyas obras van surgiendo de su visión personal revelada en el acto creativo. Puedo ver a estos artistas en pleno trabajo, en posturas inverosímiles, con el escoplo y el martillo entre sus manos y con paciencia infinita van arrancando viruta a viruta de la rustica madera para ir transformándola en belleza y armonía.

A medida que laboran la madera, ésta va tomando forma y a la vez, marcándole el camino a seguir en función del resultado.

Se dice que en la construcción del edificio se ha empleado un solo material; la madera. Todos los elementos están unidos entre sí por medio de soportes y anclajes diseñados y construidos en madera, formando una unidad de composición. No se han utilizado elementos como el hierro (clavos, ganchos, anclajes… etc.), o cualquier otro metálico. Imagino que será cierto.

 

     Como se puede observar en las fotografías superiores, los efectos de la temperatura, humedad y salitre que impregnan el aire, deterioran de forma notoria muchas figuras o grupos de figuras, quizá por su antiguedad o bien por su situación en el interior del Santuario que sufren en mayor grado estas inclemencias del atmosféricas.

     También es cierto que la restauración es constante y permanente pero, indudablemente, es algo que tendrán que mantener a lo largo del tiempo si no quieren que estos desperfectops sean mayores y, a veces, irreparables.
 

   

Continúo moviéndome por la zona arbolada y llego a las inmediaciones de un canal, utilizado, probablemente, como medio de transporte de la madera. Allí se encuentran los talleres en los que trabajan los artistas que realizan las tallas, sentados en el suelo o en simples cajas, escoplo y martillo en cada mano van arrancando viruta a viruta, las suficientes para obtener la forma deseada.

Las imágenes inferiores dan una idea del desarrollo de estos trabajos y las condiciones en las que lo efectúan.

 

Es de este taller de donde proceden las esculturas que anteriormente, en el interior del santuario, pude disfrutar con su visión y fotografiar ampliamente. Es aquí, donde percibo la precariedad de medios con los que cuentan estas personas para poder realizar tan bellas obras de arte, pero indudablemente, seguirán así hasta la total culminación de la obra, lo que no ocurrirá antes de unos veinte años. Quizá muchos de estos artistas nunca la verán finalizada pero nadie dudará del trabajo excelentemente realizado. Y, probablemente, aún después de terminada la edificación y todo lo que en su interior se encuentra, este taller continuará realizando reparaciones y restauraciones de los elementos más deteriorados. ¡Quizá todo esto se deba a su idiosincrasia paciente!

 

     En la fotografía inferior se puede observar a una mujer iniciando una parte del pedestal de una columna, en la que tan sólo se aprecia un escueto dibujo en el que tiene que basarse para realizar su obra. En la otra mitad, un varón, sentado en el suelo, va completando su parte. Se comprueba perfectamente el inicio y la realización de la base de una columna en las dos mitades.

     Al fondo de la fotografía, se observa otra base similar casi terminada, el color de la madera ya es distinto, señal de que ha recibido algún tipo de imprimación para que pueda conservarse mucho tiempo.  Esta fofotrafía en segundo plano es la que se muestra más arriba y que está siendo tallada por una mujer sentada en el suelo.

 

El sol, la humedad y la suave brisa marina cargada de salitre son los principales enemigos de esta obra y no me gustaría imaginar lo que podría ocurrir si, a pesar de la protección que puedan tener, un rayo finalizara su recorrido entre toda estas toneladas de madera seca. Deseamos que esta magna obra, nacida en la mente de un millonario tailandés, perdure muchos siglos formando parte del patrimonio cultural de este país peculiar e impresionante país.

 
 

Como colofón de éste impresionante lugar, quiero exponer esta fotografía aérea que une el Santuario de la Verdad con su entorno. Está obtenida de una postal.  


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