F O T O G R A F Í A :

V I A J E S



T A I L A N D I A

P A T T A Y A
SANTUARIO DE LA VERDAD  I
  

Indudablemente, Tailandia es un país con tradiciones milenarias. Hubo épocas en las cuales se realizaban impresionantes construcciones de templos, palacios, santuarios y cualquier otra edificación capaz de magnificar a los poderosos del momento. Existen muchos santuarios desperdigados por toda la orografía del reino, pero, casi me atrevería a decir, que ninguno como éste. ¿La razón? Sencilla y gráfica.

La construcción de este impresionante monumento se inició en el año 1981, es decir, hacia finales del siglo pasado, hace exactamente 31 años y como la lógica indica, los países actuales ya no se pueden permitir el lujo de construir obras faraónicas incluso, cuando la clase media es baja, muy baja, pero cuesta mucho dinero al estado.

  


La idea surgió en la mente de un multimillonario tailandés conocido como Lek Viriyaphant. Trató de demostrar ante el mundo entero lo que su país sería capaz de construir; una enorme edificación digna de constar entre las grandes figuras arquitectónicas del mundo. Su idea se fue desarrollando, aunque para ello, tuvo que recurrir a la contratación de grandes arquitectos internacionales, pero conservando en sus formas toda la tradición tailandesa, tal como se representa con la efigie de un Buda tallado en madera como principal gestor del santuario.

  


En la segunda fotografía superior se observa un elefante con tres cabezas; Airavata. Es un  elemento de la mitología hindú y representado por un elefante blanco de siete trompas. En Tailandia, Airavata se denomina como "Erawan" y representa a un elefante de tres cabezas. A veces muestran al dios hindú Indra cabalgando sobre él.

Este templo o santuario es el más visitado del país por su aspecto tan llamativo y, además, totalmente diferente a los demás templos que se puedan visitar en cualquier país asiático. ¡Todo lo que puede hacer el dinero para demostrar el poder económico y arquitectónico que tiene Tailandia!

  

Pero en el “haber” de este multimillonario tailandés no sólo cuenta la construcción de esta fabulosa obra. En primer lugar surgió la idea de construir una ciudad antigua para que los residentes en Bangkok pudieran disfrutar del patrimonio artístico de su país.

En una gran extensión de terreno situado al sur de Bangkok, en la antigua carretera a Pattaya, fue situando réplicas de muchos edificios importantes del país, y en muchos casos, los adquirió, desmontó, trasladó a ese paradisíaco rincón y volvió a construirlo para asombro de los visitantes. El lugar se le conoce como “Luang Boran”, la Ciudad Antigua y podemos afirmar que es una maravilla.

También es responsable de otra gran obra. Construyó un museo de arte muy importante y con la forma de un enorme elefante de tres cabezas, conocido con el nombre de “Erawan”. Está situado en los suburbios industriales del sureste de Bangkok. Contiene una valiosa colección de objetos religiosos muy antiguos. La enorme escultura está realizada en bronce y situada en un pedestal que está decorado con millones de diminutos azulejos esmaltados en la moda de cerámica tailandesa Benjarong.

Las referencias sobre este hombre, difícilmente son superables.

  

Se puede decir que el Santuario de la Verdad se encuentra en los albores de su nacimiento, edad que no se puede comparar con otras obras fastuosas de Tailandia pero si iguala o supera en belleza a la gran mayoría. Otras podrán ser mucho más caras, mucho más longevas, pero no tan artísticamente bellas como esta. Es una filigrana total.  

Los turistas que llegamos a Tailandia descubrimos la cultura tailandesa, las tradiciones y enseñanzas de las diferentes religiones a través de las tallas de madera de dioses y otros símbolos de fe de cada religión. De esta forma, la gente puede intuir lo que enseña cada religión para ser buenas personas.

Me introduje en el interior y pude comprobar que estaba asistiendo al desarrollo de un proyecto inconcluso, lo que hacía mucho más interesante la visita. Pude comprobar in situ el trabajo de los talladores sobre la madera, la de los pilares, murales o la que iban incorporando para cumplimentar el diseño primigenio.

  

Lek Viritaphant, conocido también como “Khun Lek”, falleció hace ya bastantes años pero tomó las debidas precauciones para que su obra no se paralizara y se perdiera todo el esfuerzo económico realizado. En su testamento dejó un portentoso legado con dinero suficiente para que el templo siga construyéndose hasta su finalización total y demostrar al mundo que Tailandia es un icono arquitectónico de primera magnitud. Sus proyectos de mecenazgo fueron la principal obsesión de su vida.

El acceso a santuario cuesta alrededor de 12,5 €, precio muy alto que no está al alcance de una mayoría de tailandeses lo que permite disfrutar de un ambiente relajado en el interior, sin aglomeraciones que impidan moverse con tranquilidad, obtener las fotografías que uno considere conveniente e incluso, poder tomarse un respiro sentándose en cualquier lugar que no represente molestias para los obreros.


  

Esta gigantesca construcción de madera de teca alcanza una altura de 105 metros en su punto más alto. Se diseñó y construyó para resistir el paso del tiempo en inmejorables condiciones. Sus principales pilares son de madera procedente de árboles de más de 700 años de antigüedad. Hay que tener en cuenta que la resistencia de la madera difiere muchísimo de la del hierro y hormigón, por lo que las estructuras tienen limitaciones para soportar las cargas originadas por el peso. Para preservar la madera de los indeseables efectos del viento, la lluvia, el sol y la sal arrastrada por la brisa marina, se les inyecta una solución de cobre. Esta solución le confiere el color verde que se aprecia en algunas de sus figuras.

Cada centímetro cuadrado de la madera utilizada está tallado o lo estará en un futuro no muy lejano a medida que los trabajos avancen, con el fin de que todo el espacio sea inundado del arte y la cultura como reflejo de la visión antigua de la Tierra, el conocimiento antiguo y la filosofía oriental, tratando de que podamos entender, los visitantes, la vida de siglos atrás, la responsabilidad humana, el pensamiento básico del ciclo de la vida y su relación con el Universo. Es decir, ahondar en la vida espiritual y abandonar la material para que prevalezca el espíritu sobre la materia tal como preconizan las religiones.

Todas las esculturas están talladas sobre madera de teca basándose en motivos tradicionales de la cultura budista e hindú. La longitud sobre la diagonal del cuadrado es de 100 metros. Tiene forma de estrella de cuatro puntas sobre una base cuadrada. Por su situación, tuve la impresión de que estas puntas estaban orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, pero creo que es una apreciación inexacta.

El estilo del Santuario evoca la arquitectura jemer. Los cuatro brazos de la estrella (gopuras o torres monumentales muy adornadas que proporcionan la entrada al templo) representan las imágenes budistas y las religiones mitológicas de Camboya, China, India y Tailandia.

  

Puedo moverme libremente por el interior, totalmente sorprendido por la riqueza de formas, la proliferación de imágenes y la belleza del entorno. Como se observa en las fotografías, la diversidad es enorme. Cada paso que doy me proporciona una nueva visión y trato de captarlo todo con mi cámara mientras los obreros trabajan impertérritos, a su aire, sin prestarnos la más mínima atención. Imagino que ya se encuentran saturados de tantos visitantes y de tan diferentes nacionalidades y razas lo que ya no les impiden su concentración.

Donde quiera que fijara la mirada, surgía una nueva y hermosa escultura, merecedora de ser estudiada y recreada con tranquilidad. Las hay de todos los tamaños y formas. Iconos religiosos de Brama, Shiva, Buda y Vishnu, los cuatro representantes religioso-filosóficos de las culturas orientales.

Es un lugar mágico y a través de sus ventanales, puertas o pequeños resquicios, se divisa el inmenso azul del océano que aporta más belleza y relajación si cabe. Tiene varias entradas y se accede al interior, que está elevado sobre el nivel del suelo, ascendiendo por unas fantásticas escalinatas que serpentean de inicio a fin, de madera y totalmente talladas con variadísimos motivos que desatan la imaginación.

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